Running Without Sight and Winning Gold | Short Film Showcase
Yo guardo recuerdo de un cielo estrellado. De ahí tengo un poco la teoría de pensar que todos elegimos si nuestro cielo está estrellado o no. Hay una magia que yo siento en el mar, la brisa. A mí, la montaña imagino como una inmensidad tremenda y hay una sensación distinta. No es invención, porque silencio absoluto no existe, pero hay más paz, más tranquilidad.
Bueno, mi nombre es Cristian Valenzuela. Soy atleta paralímpico en Chile, categoría de 11. Eso significa que soy ciego total; hasta que no veo absolutamente nada. Soy el campeón paralímpico en los 5000 metros. Franco Sánchez de Ley Valenzuela entendía que las cosas podrían ser posible con trabajo, con entrenamiento, y todo, derrame hasta la última gota del sudor que tenía que dar.
La mar, la primera vez que tomo la cuerda y puedo correr con una persona a mi lado, fue un momento mágico. O sea, yo en ese minuto sentí que habían encontrado, quizás, la respuesta o había encontrado el motivo para seguir adelante e ir descubriendo el mundo a través de mis pasos y zapatillas. Saben que voy a en arenillas o saben que hoy en tierra; cuando existe esta exploración, estás disfrutando lo que estaba acción.
Cuando tuve una etapa al día, cuando después de dar, perdí la vista, sí, busqué cosas que me motivaron a seguir adelante. Por esto, la poesía, todo el rap, hubieran variado la música. Pero son muchas las dificultades. Desde esa dificultad social, de que me miraban y decían: "Mira qué lindo el chiquito que corre". Eso mismo me da energía para seguir adelante y demostrarles a estos que no era un chiquito que corría, sino que era una persona.
Empiezo, que no podía ver. No quería dejar de correr porque era como un respiro nuevo. Quería correr porque me hacía sentir bien. Cuando uno está expuesto a un dolor, aprende a valorar más la vida. No aprende a entender que un ser humano no es nada frente al poder de vivir. Diferentes extremos de pensiones, por vida, soy picado mundial, el campeón olímpico. Son las tomas más importantes por perder.
Porque estamos tres niñas, tengo: si yo puedo, porque el mismo Dios. Son ligeros. Ese pensamiento a mí me hace daño porque tus ojos me miran como algo extraño. No soy igual que tú, pero somos semejantes y los dos luchamos para seguir adelante, tratando de cumplir sueños, berreando muros. Aunque a veces nuestro sol es el don de los oscuros, aunque a veces la vida se pone cuesta arriba, trataremos de siempre mantener la fraternidad.